Este fin de semana iré a un congreso para profesores de portugués y español. Lo monumental de este evento es que mi universidad me envía y me reembolsará la inscripción (me dicen).
Nunca me imaginé como profesora, pero una vez que caí aquí descubí que me gusta, me frustra mucho, pero me gusta. Lo malo de la educación es que a veces no parece tener mucho campo de crecimiento, uno puede aspirar a la plaza o al tenure dependiendo de dónde viva, pero nomás.
Si alguien escribiera la novela picaresca de mi vida, mi motivación no sería ser caballero ni dama, como el buscón Don Pablos o Moll Flanders, no, la aspiración de mi vida sería tener tarjetas de presentación.
En toda mi vida profesional nunca he tenido una tarjeta de presentación.
Y sí, yo sé que puedo mandar imprimir unas yo misma.
Pero el ego está en que me las dieran.
Volviendo a lo mío, pues estoy tratando de decidir qué charlas y talleres voy a tomar. Hay algunas interesantes, algunas muy buenas para mi trabajo, otras literarias que me interesan que no tienen nada que ver con mis clases. Algunas de las que tomaré tienen que ver sobre cómo lograr que el estudiante realmente aprenda un idioma extranjero.
Y esto me ha puesto a pensar.
Uno de mis insidiosos miedos es pensar que nadie aprende nada de mis clases.
Sí, mis estudiantes aprenden al final a pasar el examen final.
Pero me pregunto qué es lo que realmente yo les enseño.
Ha habido casos que me llenan de orgullo. De los estudiantes que me pidieron les escribiera una carta de recomendación para ir a estudiar a Madrid o para un posgrado todos lo lograron.
Una de mis ex-alumnas, de hecho, estudia Lingüística y Pragmática en España.
Pero no me adjudico su éxito. Creo que mis estudiantes que han aprendido español lo han hecho por sí solos. Mi ayuda es meramente una orientación. Los que no, finalmente recibieron exactamente mi misma ayuda.
Y aunque me gusta dar clases (y aunque quisiera dar de Literatura que es mi especialidad pero nada más tengo de español y redacción) a una le queda ese saborcito del estancamiento.
Porque a pesar de los veintipico de años que fui estudiante y los muchos otros de ejercer...
...no salgo nunca de la escuela.
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miércoles, 7 de julio de 2010
Todavía en la escuela
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viernes, 25 de junio de 2010
Crónicas de cama
Gervaise Macquart, la heroína de L'Assommoir (La Taberna en español) de Émile Zola, tenía una
motivación muy clara en su vida: tener un lugar seguro para criar a sus hijos, suficiente para comer, que nadie la golpeara y morir en paz en su propia cama.
La idea, a primera vista, parece muy modesta hasta que se piensa en lo fuerte que es experimentar el momento más determinante e íntimo de la vida en el último recóndito de seguridad: la cama propia.
Yo no sólo desearía morir en mi propia cama.
Es necesario despojar este evento de muchos prejuicios, pero la demostración de John Lennon y Yoko Ono de hacer una conferencia de prensa desde la cama en el hotel de NYC, en donde permanecieron una semana para abogar por la paz, cobra un sentido diferente desde este punto de vista.
La intimidad de la propia cama.
El lugar en el que uno duerme y sueña se convierte en el sitio de la mayor vulnerabilidad.
Cuando era niña y adolescente dormir en mi cama no tenía la importancia que tiene el día de hoy. Antes podía dormir en cualquier sitio.
Pero con la edad vienen las preferencias y las idiosincracias: Se extraña la cama y la almohada.
Sin ella, uno no se siente ni seguro ni uno mismo.
Hace dos noches que no duermo en mi cama, y no lo haré en poco más de una semana. Con el mismo fervor de Gervaise añoro mi cama (aunque no mi muerte aún).
Hay demasiados años de historia y sueños en ese colchón.
Marcas invisibles de amor y lágrimas.
La vida ha comenzado y terminado ahí.
Y en esta generación nuestra de la fugacidad, es muy posible que mi muerte serena no ocurra en esa misma cama.
Pero deseo, que sea en una que me haga sentir igual.

La idea, a primera vista, parece muy modesta hasta que se piensa en lo fuerte que es experimentar el momento más determinante e íntimo de la vida en el último recóndito de seguridad: la cama propia.
Yo no sólo desearía morir en mi propia cama.
Podría vivir en mi cama.
Es necesario despojar este evento de muchos prejuicios, pero la demostración de John Lennon y Yoko Ono de hacer una conferencia de prensa desde la cama en el hotel de NYC, en donde permanecieron una semana para abogar por la paz, cobra un sentido diferente desde este punto de vista.La intimidad de la propia cama.
El lugar en el que uno duerme y sueña se convierte en el sitio de la mayor vulnerabilidad.
Cuando era niña y adolescente dormir en mi cama no tenía la importancia que tiene el día de hoy. Antes podía dormir en cualquier sitio.
Pero con la edad vienen las preferencias y las idiosincracias: Se extraña la cama y la almohada.
Sin ella, uno no se siente ni seguro ni uno mismo.
Hace dos noches que no duermo en mi cama, y no lo haré en poco más de una semana. Con el mismo fervor de Gervaise añoro mi cama (aunque no mi muerte aún).
Hay demasiados años de historia y sueños en ese colchón.
Marcas invisibles de amor y lágrimas.
La vida ha comenzado y terminado ahí.
Y en esta generación nuestra de la fugacidad, es muy posible que mi muerte serena no ocurra en esa misma cama.
Pero deseo, que sea en una que me haga sentir igual.
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domingo, 20 de junio de 2010
El valor de la palabra escrita
"Lei las noticias el día de hoy..."
...y las noticias hablaban de la subasta de la letra de mi canción favorita de los Beatles A day in the life, la última canción del álbum Sargent Pepper's Lonely Hearts Club Band.
La letra, de puño y letra de John Lennon, se subastó por un millón y medio de dólares aproximadamente.
Esto me hizo pensar en el valor de la palabra escrita. El manuscrito no reproducible.
El trazo de una mano que ya no existe, único e intransferible como una huella digital.
Quizá el comprador quería atrapar la fugacidad del espíritu de Lennon, algo que todavía está vivo en el danzar de las líneas sobre el papel.
Walter Benjamin habló de cómo el capitalismo y la producción en masa revolucionaron el concepto clásico del arte: el valor de la obra artística dejó de centrarse en su carácter único para valorarse en términos de su masificación y recepción. (Walter Benjamin. La obra de arte en la era de reproducción mecánica)
De esta manera ha cambiado el valor que ponemos a la obra de arte: la Mona Lisa se imprime ad nauseum en postales, mientras que la obra original e irrepetible se ha convertido en una mercancía elitista.
Aún así pienso el día de hoy en cómo la palabra escrita puede detener el tiempo: en mi cartera llevo un instante cristalizado en las palabras que escribió mi abuelo antes de morir.
Pienso en él y en sus palabras mientras mis manos repasan el trazo automático que Saramago hizo al firmar mi copia de El evangelio según Jesucristo.
Pienso en ambos y digo que la palabra es la única que puede burlar a la muerte y al tiempo.
...y las noticias hablaban de la subasta de la letra de mi canción favorita de los Beatles A day in the life, la última canción del álbum Sargent Pepper's Lonely Hearts Club Band.
La letra, de puño y letra de John Lennon, se subastó por un millón y medio de dólares aproximadamente.
Esto me hizo pensar en el valor de la palabra escrita. El manuscrito no reproducible.
El trazo de una mano que ya no existe, único e intransferible como una huella digital.
Quizá el comprador quería atrapar la fugacidad del espíritu de Lennon, algo que todavía está vivo en el danzar de las líneas sobre el papel.
Walter Benjamin habló de cómo el capitalismo y la producción en masa revolucionaron el concepto clásico del arte: el valor de la obra artística dejó de centrarse en su carácter único para valorarse en términos de su masificación y recepción. (Walter Benjamin. La obra de arte en la era de reproducción mecánica)De esta manera ha cambiado el valor que ponemos a la obra de arte: la Mona Lisa se imprime ad nauseum en postales, mientras que la obra original e irrepetible se ha convertido en una mercancía elitista.
Aún así pienso el día de hoy en cómo la palabra escrita puede detener el tiempo: en mi cartera llevo un instante cristalizado en las palabras que escribió mi abuelo antes de morir.
Pienso en él y en sus palabras mientras mis manos repasan el trazo automático que Saramago hizo al firmar mi copia de El evangelio según Jesucristo.
Pienso en ambos y digo que la palabra es la única que puede burlar a la muerte y al tiempo.
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jueves, 21 de mayo de 2009
Ya regresé con los cigarros...
La verdad no fumo, pero me siento como un tío lejano que dicen las malas lenguas en mi familia que un día dijo: " 'orita vengo, voy por unos cigarros" y no volvió. Un día, veintipico años después, fuimos a un pueblito donde vivía mi bisabuela a un velorio o algo así, y ahí andaba el de los cigarros y un hermano de mi mamá lo saludó diciendo: "¿Cómo está tío, había mucha gente en la tienda?"
Pos así yo no volvía por acá.
Entre viajes nostálgicos, influenzas porcino-polémicas, suspensiones etílicas, y más... no escribía, y luego ya que las cosas se han calmado tampoco he escrito porque tampoco se me ocurría nada bueno... y sigue sin ocurrírseme, pero qué le vamos a hacer?
En el plano cultural quién sabe en qué han quedado las cosas, había un par de eventos en los que iba a participar, uno de ellos era una ponencia sobre la Biblia leída literariamente, pero ya no se hizo, a ver si el próximo semestre me dijeron. Pero mientras tanto a lo que sí los puedo invitar es a leer el último número de la revista Reverso en la que colaboro, ahora en su nuevo sitio: www.reversomagazine.com . El nuevo número está dedicado a la narrativa noruega y hay cuentos muy buenos, algunos de los cuales yo contribuí con su traducción.
Y luego ahora con la muerte de Benedetti me he puesto a pensar mis héroes literarios, y a darme cuenta que cada vez quedan menos vivos. Quizás ya no los hay como los de antes, o quizás lo que pasa es que estoy pasando a otra generación.
En fin, que es una pena perder a Mario.
Pero ya volví, ya está otra vez abierto el changarro y a ver si pronto escribo algo más interesante.
Abrazos
Pos así yo no volvía por acá.
Entre viajes nostálgicos, influenzas porcino-polémicas, suspensiones etílicas, y más... no escribía, y luego ya que las cosas se han calmado tampoco he escrito porque tampoco se me ocurría nada bueno... y sigue sin ocurrírseme, pero qué le vamos a hacer?
En el plano cultural quién sabe en qué han quedado las cosas, había un par de eventos en los que iba a participar, uno de ellos era una ponencia sobre la Biblia leída literariamente, pero ya no se hizo, a ver si el próximo semestre me dijeron. Pero mientras tanto a lo que sí los puedo invitar es a leer el último número de la revista Reverso en la que colaboro, ahora en su nuevo sitio: www.reversomagazine.com . El nuevo número está dedicado a la narrativa noruega y hay cuentos muy buenos, algunos de los cuales yo contribuí con su traducción.
Y luego ahora con la muerte de Benedetti me he puesto a pensar mis héroes literarios, y a darme cuenta que cada vez quedan menos vivos. Quizás ya no los hay como los de antes, o quizás lo que pasa es que estoy pasando a otra generación.
En fin, que es una pena perder a Mario.
Pero ya volví, ya está otra vez abierto el changarro y a ver si pronto escribo algo más interesante.
Abrazos
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jueves, 5 de marzo de 2009
Entre un bestseller y Macedonio Fernández
Acabo de leer una de esas novelas que logran obliterar mi realidad de lector y adentrarme a un mundo en donde no existo y olvido mi nombre.
Macedonio Fernández, gran influencia de Borges, tenía un problema enorme con este tipo de libros. Le parecía que la buena literatura no podía ser aquélla que hiciera al lector olvidarse de su realidad y de su calidad de lector, y por eso escribe "Museo de la novela de la eterna: Primera novela buena" una novela que a cada paso forza al lector a mantenerse como lector, una novela que nunca parece comenzar, una novela hecha enteramente de prólogos.
Pero la novelita que leí estos días me gustó precisamente por lo contrario, porque la buena narrativa, la fluidez poética de las imágenes y las palabras, lo original de la presentación novedosa de la misma historia romántica de siempre, me hicieron olvidarme de mi vida diaria.
Así que me quedo con la pregunta de si una buena literatura tiene que ser escape o recordatorio de la realidad. Porque hay momentos para leer a Donoso, a Cortázar, a Lispector y otras, que necesito buscar la novela del mes en una pretenciosa librería como Borders o Barnes and Noble, entre los libros del club de lectura de Oprah, esos con sus estúpidas preguntitas al final para guiar la argumentación "crítica" de algunas señoras encopetadas.
Porque a veces, como estos días, esas novelitas pueden sorprenderme.
...o por lo menos, hacerme olvidar todas las cosas en las que no quiero pensar.
Macedonio Fernández, gran influencia de Borges, tenía un problema enorme con este tipo de libros. Le parecía que la buena literatura no podía ser aquélla que hiciera al lector olvidarse de su realidad y de su calidad de lector, y por eso escribe "Museo de la novela de la eterna: Primera novela buena" una novela que a cada paso forza al lector a mantenerse como lector, una novela que nunca parece comenzar, una novela hecha enteramente de prólogos.
Pero la novelita que leí estos días me gustó precisamente por lo contrario, porque la buena narrativa, la fluidez poética de las imágenes y las palabras, lo original de la presentación novedosa de la misma historia romántica de siempre, me hicieron olvidarme de mi vida diaria.
Así que me quedo con la pregunta de si una buena literatura tiene que ser escape o recordatorio de la realidad. Porque hay momentos para leer a Donoso, a Cortázar, a Lispector y otras, que necesito buscar la novela del mes en una pretenciosa librería como Borders o Barnes and Noble, entre los libros del club de lectura de Oprah, esos con sus estúpidas preguntitas al final para guiar la argumentación "crítica" de algunas señoras encopetadas.
Porque a veces, como estos días, esas novelitas pueden sorprenderme.
...o por lo menos, hacerme olvidar todas las cosas en las que no quiero pensar.
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domingo, 15 de febrero de 2009
Yo era buena para las matemáticas o lo que se puede comprar con mi poesía
De verdad buena. Todo el mundo decía que debía estudiar algo relacionado con las matemáticas pero decidí estudiar Letras."Si estudias Letras te vas a morir de hambre."
Pero uno es cabeza dura.
Ayer vendí siete libros.
A siete personas que no conocía y quienes no me conocían. Siete personas pagaron por mis palabras.
¿No que la literatura no dejaba?
He comido con el sudor de mis palabras.
Me maravilla que alguien quiera tener en casa mis palabras. Y me pregunto por qué. Y quizás mis palabras sirvan para emparejar las patas de una mesa, o quizás sea lectura de baño, o quizá las palabras precisas para hacerse esa inquietante pregunta que permanece detrás de los ojos.
Y quisiera haber escrito más, y quisiera que mis palabras aseguraran el pan en la mesa, y que inspiraran al compromiso social, y que hicieran algo más que sólo estar ahí.
Pero por el momento seguiré maravillándome con la idea de que alguien compró mis palabras para tenerlas, para conservarlas.
Y los dejo con la lista de cosas para las que alcanza el producto de mi poesía.
14 cocas de 2lt. no retornables
2 sombras de ojos GOC y un labial
1 sombra MAC y 30 pesos cambios
21 huevitos de las maquinitas a la entrada de la farmacia
35 pasajes de camión urbano
3 Vanidades, 2 Tv y novelas y 5 libros vaqueros
1 DVD original ó 5 piratas
2 pizzas medianas y un refresco de dos litros
1 un solo platillo bastante pretencioso y para nada suficiente en un restaurante popis
1 Best seller de portada lustrosa que seguramente va a salir en película muy pronto
domingo, 25 de enero de 2009
Bitácoras de viaje
Últimamente me he dado cuenta que hay muchos blogs de viajes, o de experiencias extranjeras. Obviamente un blog con un título como "un mexicano(a) en París, Indonesia, la Patagonia, etc." pica la curiosidad. (Visiten esta curiosidad, por ejemplo.)
Me hace pensar en lo que dijo Maruja Torres, la primera escritora que escuché en el auditorio Silvano Barba de mi facultad, un par de días antes de comenzar mi primer semestre universitario (recuerdo que ese día llovía a horrores y que fui por vez primera a la Mutualista); Maruja nos recomendó que si queríamos escribir, escribiéramos relatos de viajes, que ésa era la literatura que se leía en estos tiempos.
Qué ironía, haber vivido tantos años en otro país y no haber escrito un blog entonces. Creo que hubiera sido interesante escribir de mi aventura conduciendo sola de Boston a Philadelphia, pasando por la ciudad de Nueva York, por ejemplo.
Tal vez lo que debería hacer sería lo que hizo aquel modernista mexicano, que para hablar de un viaje a Asia se fue al baratillo e inventó un Lejano Oriente en sus crónicas.
Me hace pensar en lo que dijo Maruja Torres, la primera escritora que escuché en el auditorio Silvano Barba de mi facultad, un par de días antes de comenzar mi primer semestre universitario (recuerdo que ese día llovía a horrores y que fui por vez primera a la Mutualista); Maruja nos recomendó que si queríamos escribir, escribiéramos relatos de viajes, que ésa era la literatura que se leía en estos tiempos.
Qué ironía, haber vivido tantos años en otro país y no haber escrito un blog entonces. Creo que hubiera sido interesante escribir de mi aventura conduciendo sola de Boston a Philadelphia, pasando por la ciudad de Nueva York, por ejemplo.
Tal vez lo que debería hacer sería lo que hizo aquel modernista mexicano, que para hablar de un viaje a Asia se fue al baratillo e inventó un Lejano Oriente en sus crónicas.
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viernes, 23 de enero de 2009
Idiosincrasias literarias
Lecturas de viajeEn un avión sólo se pueden leer revistas del corazón, pasquines, publicaciones sensacionalistas (siempre y cuando no se centren en desastres aéreos), revistas impresas en papel revolución con crucigramas y sudokus simplones.
Leer cualquier cosa que no se tome a sí misma en serio, la reina de este tipo de publicaciones es la revista de la aerolínea, ¿qué puede esperarse de una publicación cuyo público no tiene nada más a la mano?
Las novelitas de viaje que se compran (a un precio inflado) en un pequeño puesto entre el duty free y los baños de la terminal.
Leer todo lo que evite pensar, lo que recuerde las fobias y los terrores, nada intelectual, no alta literatura, no introspecciones. Tampoco narrativas caóticas, ni Rushdie, ni Goytisolo, ni Donoso, ni Lispector, ni Bret Easton Ellis.
En la claustrofóbica realidad de la cabina aérea no hay sitio para la vergüenza por leer un Vanidades, un Cosmopolitan o una novelita romántica.
Últimamente yo tengo predilección en los aviones por leer ficción histórica, relatos exóticos de tiempos pasados, romantizaciones ficticias.
En una avión nadie creería, al verme, capaz de una buena lectura.
No importa.
Sólo quiero hipnotizarme y olvidar el terror imaginarme en caída libre.
Los dogmas literarios sólo aplican en tierra firme.
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jueves, 22 de enero de 2009
En esto creemos
Tenemos toda una cultura formada alrededor de nuestras costumbres literarias, no sólo qué leemos, sino cómo, cuándo y dónde.
Tenemos frases y categorías: lectura de baño, libros de cama, novelas para vacacionar, etc.
Y supersticiones como: "un libro te llega en el momento preciso".
Hablemos de nuestras manías literarias, de costumbres y superticiones de lectura, de obsesiones y vergonzosas morbosidades.
Forjemos en la piedra las tablas de nuestra lectura
Tenemos frases y categorías: lectura de baño, libros de cama, novelas para vacacionar, etc.
Y supersticiones como: "un libro te llega en el momento preciso".
Hablemos de nuestras manías literarias, de costumbres y superticiones de lectura, de obsesiones y vergonzosas morbosidades.
Forjemos en la piedra las tablas de nuestra lectura
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miércoles, 21 de enero de 2009
Después de Babel

Mi libro está impreso.
En mis manos.
Gracias a las moiras de cuarto propio, a la gente, a La Zonámbula y Acento.
Gracias a también a quienes se toman la molestia de leerme aquí.
Deja un comentario si te interesa saber cómo adquirir un ejemplar.
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jueves, 15 de enero de 2009
Del hermetismo del texto y su traducción
No hay una técnica más eficaz para exponer las fallas de un texto y su hermetismo semiótico que emprender la travesía de su traducción. Pregúntenme a mí, que he estado luchando con un texto que sólo me invita al procrastinaje.
Una técnica tradicional para corroborar la eficacia y fidelidad de una traducción (fidelidad de la traducción, es claramente una completa utopía) es traducir un texto de la lengua origen a la lengua destino y depués volver a traducir la traducción (valga la redundancia) a la lengua origen, y contabilizar de alguna manera lo que se pierde en la traducción. Ahora bien, ¿no sería acaso interesante usar la técnica para darnos cuenta de nuestros propios errores literarios comunes?
Mi escritura está muy lejos de ser infalible, y de hecho, por mi necesidad imperante de bilingüismo me enfrento con frecuencia a mis errores y mi propio hermetismo.
Esta entrada no creo que vaya a ninguna parte, pero me ha ayudado postergar, algunos minutos más, el enfrentarme un texto que no se deja apuñalar por la daga de mi traducción.
Bueno, me gustaría, de esta manera poco poética, leer sus ideas sobre multilingüismo, ustedes compañeros escritores, ¿piensan sus textos como textos traducibles? ¿hay una consciencia de lectura local, o la posiblidad de universalidad de sus ideas? Es interesante como un libro como En busca de klingsor de Volpi generaba comentarios como que se leía como una novela traducida, por esa sensación de un lenguaje estandarizado, vejado, contaminado y trabajado claramente, con la consciencia de un público más generalizado (y bueno, no es la única razón, también intervienen elementos en cuanto a una visión no nacionalista, y la constante tensión entre alta cultura y cultura de masas -en cuanto a esta tensión recomiendo mucho el libro de Andreas Huyssen The Great Divide-), y queda como ejemplo de un texto que es consciente de su propio alcance lingüístico (esto, claro está, es independiente de si la valoración crítica que puede hacerse de su calidad).
Ése es el caso que Puchner presenta del acierto, alcance y permanencia del Manifiesto Comunista: su invención, desde el principio como un texto sin lengua origen y su calidad constante como texto traducido.
Continuemos este diálogo.
Una técnica tradicional para corroborar la eficacia y fidelidad de una traducción (fidelidad de la traducción, es claramente una completa utopía) es traducir un texto de la lengua origen a la lengua destino y depués volver a traducir la traducción (valga la redundancia) a la lengua origen, y contabilizar de alguna manera lo que se pierde en la traducción. Ahora bien, ¿no sería acaso interesante usar la técnica para darnos cuenta de nuestros propios errores literarios comunes?
Mi escritura está muy lejos de ser infalible, y de hecho, por mi necesidad imperante de bilingüismo me enfrento con frecuencia a mis errores y mi propio hermetismo.
Esta entrada no creo que vaya a ninguna parte, pero me ha ayudado postergar, algunos minutos más, el enfrentarme un texto que no se deja apuñalar por la daga de mi traducción.
Bueno, me gustaría, de esta manera poco poética, leer sus ideas sobre multilingüismo, ustedes compañeros escritores, ¿piensan sus textos como textos traducibles? ¿hay una consciencia de lectura local, o la posiblidad de universalidad de sus ideas? Es interesante como un libro como En busca de klingsor de Volpi generaba comentarios como que se leía como una novela traducida, por esa sensación de un lenguaje estandarizado, vejado, contaminado y trabajado claramente, con la consciencia de un público más generalizado (y bueno, no es la única razón, también intervienen elementos en cuanto a una visión no nacionalista, y la constante tensión entre alta cultura y cultura de masas -en cuanto a esta tensión recomiendo mucho el libro de Andreas Huyssen The Great Divide-), y queda como ejemplo de un texto que es consciente de su propio alcance lingüístico (esto, claro está, es independiente de si la valoración crítica que puede hacerse de su calidad).
Ése es el caso que Puchner presenta del acierto, alcance y permanencia del Manifiesto Comunista: su invención, desde el principio como un texto sin lengua origen y su calidad constante como texto traducido.
Continuemos este diálogo.
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domingo, 30 de noviembre de 2008
Últimamente no tengo tiempo para nada...
... Por más que quiero sentarme a escribir algo en serio no se da la oportunidad. Pero no quiero estar tan desaparecida, así que los dejo con la recomendación de un libro excelente que va con la línea de la poética de la enfermedad de la que hablaba recientemente.
Se llama Electricidad y es de Ray Robinson, y el sábado 29 tuve el placer y el honor de entrevistarlo en el marco de la FIL a raíz de la presentación de su novela por la editorial Sexto Piso.
Me imagino que la entrevista saldrá en Reverso en el siguiente número.
Se llama Electricidad y es de Ray Robinson, y el sábado 29 tuve el placer y el honor de entrevistarlo en el marco de la FIL a raíz de la presentación de su novela por la editorial Sexto Piso.
Me imagino que la entrevista saldrá en Reverso en el siguiente número.
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lunes, 3 de noviembre de 2008
Una corta profecía
Estoy leyendo un libro fabuloso de Martin Puchner (y ya es mucho que yo encuentre fascinante y difícil de poner de lado un libro de teoría crítica) "Poesía de la revolución" (Poetry of the Revolution) que es un estudio profundo y atinado de todos los manifiestos políticos y literarios-vanguardistas desde el gran Manifiesto Comunista que acuña el nuevo género del manifiesto.
Puchner habla de Goethe y sus ideas en torno a la traducción. Goethe toma la frase del Corán que dice: "Dios da a cada pueblo un profeta en su propia lengua" de la cual Goethe deslinda: "El traductor es profeta de su pueblo".
Una idea cargada de posibilidades, y brevemente menciono la idea que me ronda en este momento, la idea de una Casandra perseguida e ignorada, la palabra del profeta que se duda y se tacha de blasfema, la palabra del traidor.
Retrospectivamente esta lectura alimenta a mi Babel.
Puchner habla de Goethe y sus ideas en torno a la traducción. Goethe toma la frase del Corán que dice: "Dios da a cada pueblo un profeta en su propia lengua" de la cual Goethe deslinda: "El traductor es profeta de su pueblo".
Una idea cargada de posibilidades, y brevemente menciono la idea que me ronda en este momento, la idea de una Casandra perseguida e ignorada, la palabra del profeta que se duda y se tacha de blasfema, la palabra del traidor.
Retrospectivamente esta lectura alimenta a mi Babel.
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lunes, 23 de junio de 2008
De escritoras violentadas
Lady Vivianne hizo un excelente comentario sobre la violencia en las mexicanas Guadalupe Dueñas y Amparo Dávila, quizás Lady Vivianne pueda ahondar más en la violencia en estas escritoras.
Me llamó la atención que mencionara a la argentina Silvina Ocampo (a quien tenía yo ya la intención de mencionar), que para aquéllos que no la conozcan fue la esposa de Adolfo Bioy Casares y eterna amiga de Jorge Luis Borges, de hecho los tres mantenían una amistad intelectual y emocional muy profunda. Silvina fue una gran poeta y una gran escritora de ficción, y pensaremos que con nada más y nada menos que la mancuerna de Bustos Domecq todas las noches cenando en su casa algo bueno tendría que tener. Lo cierto es que tanto Bioy como Borges deben lo mismo, si no es que más a Silvina, que lo que Silvina les debe a ellos.
¿Por qué entonces no se conoce más de su obra? Si en Argentina la atención en Ocampo es poca, en México es nula. Y es que con esas dos figuras opacándola se entiende, además de que impera sobre ella también la figura de su hermana Victoria Ocampo, editora de la revista del grupo "Sur" a quien se le debe el empuje y la publicación en Latinoamérica de grandes escritores latinoamericanos y europeos.
Silvina era tímida, pero titánica en su escritura, a todos les recomiendo su libro de cuentos "La furia". Se ha resaltado mucho en su escritura la presentación de una niñez cruel y asesina. La violencia en ella se plasma de una manera sutil, pero fatal. Y también se aprovecha de ese síndrome de Casandra que yo mencionaba, las voces narrativas en ella son voces desacreditadas por ser niños, animales, prostitutas, locas, amas de casa reprimidas, borrachos, etc. Silvina usa su debilidad (aparente) para mostrarse poderosa, nos hace creer como lectores que nosotros sabemos más que ella o sus narradores, y en eso está su genialidad.
Ahora que me he puesto a pensar en ella porque leía en el Mural sobre Elena Garro, lo curioso es que ambas fueron marcadas por la presencia de Bioy en sus vidas, pero más importante que ese dato biográfico alevoso, está que a ambas sus biografías han obnibulado la atención en obras narrativas inmensamente ricas, completamente exiliadas de las antologías y críticas de sus naciones.
Elena Garro también tuvo una presencia fuerte de la violencia en su escritura, una violencia paranóica. Y ambas resultan violentadas con el enmudecimiento que sufren, con la atención en sus vidas personales y sus asociaciones románticas con figuras como Paz y Bioy, y por sus equivocaciones o excentricidades (mismas que no pesan igual en la recepción de sus contrapartes masculinos). Sería necesario y prudente realizar un estudio de la recepción de ambas escritoras.
Y bueno, les dejo el link al artículo de el Mural sobre la revalorización de Garro como la mejor escritora mexicana después de Sor Juana.
http://www.mural.com/cultura/articulo/433/864236/
Me llamó la atención que mencionara a la argentina Silvina Ocampo (a quien tenía yo ya la intención de mencionar), que para aquéllos que no la conozcan fue la esposa de Adolfo Bioy Casares y eterna amiga de Jorge Luis Borges, de hecho los tres mantenían una amistad intelectual y emocional muy profunda. Silvina fue una gran poeta y una gran escritora de ficción, y pensaremos que con nada más y nada menos que la mancuerna de Bustos Domecq todas las noches cenando en su casa algo bueno tendría que tener. Lo cierto es que tanto Bioy como Borges deben lo mismo, si no es que más a Silvina, que lo que Silvina les debe a ellos.
¿Por qué entonces no se conoce más de su obra? Si en Argentina la atención en Ocampo es poca, en México es nula. Y es que con esas dos figuras opacándola se entiende, además de que impera sobre ella también la figura de su hermana Victoria Ocampo, editora de la revista del grupo "Sur" a quien se le debe el empuje y la publicación en Latinoamérica de grandes escritores latinoamericanos y europeos.
Silvina era tímida, pero titánica en su escritura, a todos les recomiendo su libro de cuentos "La furia". Se ha resaltado mucho en su escritura la presentación de una niñez cruel y asesina. La violencia en ella se plasma de una manera sutil, pero fatal. Y también se aprovecha de ese síndrome de Casandra que yo mencionaba, las voces narrativas en ella son voces desacreditadas por ser niños, animales, prostitutas, locas, amas de casa reprimidas, borrachos, etc. Silvina usa su debilidad (aparente) para mostrarse poderosa, nos hace creer como lectores que nosotros sabemos más que ella o sus narradores, y en eso está su genialidad.
Ahora que me he puesto a pensar en ella porque leía en el Mural sobre Elena Garro, lo curioso es que ambas fueron marcadas por la presencia de Bioy en sus vidas, pero más importante que ese dato biográfico alevoso, está que a ambas sus biografías han obnibulado la atención en obras narrativas inmensamente ricas, completamente exiliadas de las antologías y críticas de sus naciones.
Elena Garro también tuvo una presencia fuerte de la violencia en su escritura, una violencia paranóica. Y ambas resultan violentadas con el enmudecimiento que sufren, con la atención en sus vidas personales y sus asociaciones románticas con figuras como Paz y Bioy, y por sus equivocaciones o excentricidades (mismas que no pesan igual en la recepción de sus contrapartes masculinos). Sería necesario y prudente realizar un estudio de la recepción de ambas escritoras.
Y bueno, les dejo el link al artículo de el Mural sobre la revalorización de Garro como la mejor escritora mexicana después de Sor Juana.
http://www.mural.com/cultura/articulo/433/864236/
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