Pero que conste que no es una declaración de mi estado mental (por lo menos no una declaración oficial), sino de mi estado físico.Antes había escrito sobre el tema de la enfermedad en la literatura, pero ahora que estoy congestionada, adolorida, frustrada, con el cuerpo cortado, irritada, mormada, afiebrada, etc. me encuentro que mis idiosincracias literarias han cambiado.
Según parece en estos momentos me vale un soberano cacahuate lo que haya dicho Macedonio Fernández, y no sólo deseo un libro en el cual perderme, sino que me encuentro deseando leer a Corín Tellado, o alguno de esos libritos románticos que venden en las cajas de los supermercados.
Pero como la pena no (ni la enfermedad) me dejará ir al super creo que terminaré buscando algo en fictionpress.com o peor aún, en fanfiction.com leyendo alguna historiecita de los X-files o Bones o Moonlighting o Remington Steele o cualquier otra serie sobre dos personas que deberieron juntarse en la primera temporada pero no lo hicieron para que el programa siguiera vivo.
A lo mejor por eso en los consultorios médicos siempre tienen el Vanidades y la revista Quién, que si bien es la página social del periódico elevada a la N potencia, se lee igual que cualquier cosa que Corín o Caridad Bravo Adams haya escrito. Porque ese México de la revista Quién me resulta tan ajeno y extraño como "el piso de Marie-Chantal en Madrid, en el que ella camina vistiendo su chandal y sus chinelas".
pd. Nunca he sabido que es un chandal o unas chinelas.
Delirantemente suya,
Lady M.

