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jueves, 3 de junio de 2010

A veces quisiera saber dibujar...

A veces quisiera saber pintar.

Sacar esta obsesiva sensibilidad exhibicionista-artística con imágenes y no con palabras.

Es que, ¿sabes? jugar con palabras es como saltar la cuerda con alambre de púas (el mismo que me costó siete puntadas en el dedo corazón de mi mano izquierda), es jugar matatena con erizos ponzoñosos, es tragar leche tibia con estrellas brillantes de cristal que tiñen la blancura de carmesí en la garganta.

A veces quisiera saber dibujar, pero dibujar de a deveras.

Tomar el pincel como tomo la pluma.

Así las imágenes aparecerían de golpe, sin la linealidad de la lengua.

Las imágenes mudas.

Tal vez entonces, llorar gráficamente no resultaría tan patético.

jueves, 21 de mayo de 2009

Ya regresé con los cigarros...

La verdad no fumo, pero me siento como un tío lejano que dicen las malas lenguas en mi familia que un día dijo: " 'orita vengo, voy por unos cigarros" y no volvió. Un día, veintipico años después, fuimos a un pueblito donde vivía mi bisabuela a un velorio o algo así, y ahí andaba el de los cigarros y un hermano de mi mamá lo saludó diciendo: "¿Cómo está tío, había mucha gente en la tienda?"

Pos así yo no volvía por acá.

Entre viajes nostálgicos, influenzas porcino-polémicas, suspensiones etílicas, y más... no escribía, y luego ya que las cosas se han calmado tampoco he escrito porque tampoco se me ocurría nada bueno... y sigue sin ocurrírseme, pero qué le vamos a hacer?

En el plano cultural quién sabe en qué han quedado las cosas, había un par de eventos en los que iba a participar, uno de ellos era una ponencia sobre la Biblia leída literariamente, pero ya no se hizo, a ver si el próximo semestre me dijeron. Pero mientras tanto a lo que sí los puedo invitar es a leer el último número de la revista Reverso en la que colaboro, ahora en su nuevo sitio: www.reversomagazine.com . El nuevo número está dedicado a la narrativa noruega y hay cuentos muy buenos, algunos de los cuales yo contribuí con su traducción.

Y luego ahora con la muerte de Benedetti me he puesto a pensar mis héroes literarios, y a darme cuenta que cada vez quedan menos vivos. Quizás ya no los hay como los de antes, o quizás lo que pasa es que estoy pasando a otra generación.

En fin, que es una pena perder a Mario.

Pero ya volví, ya está otra vez abierto el changarro y a ver si pronto escribo algo más interesante.

Abrazos

miércoles, 28 de enero de 2009

Idiosincrasias litararias: El libro tatuado

Para Lady Vivianne por su obsesión por los objetos

El objeto por excelencia es el libro. No sólo lo escrito, sino por el objeto en sí mismo.

Todos tenemos nuestras propias idiosincrasias sobre cómo se debe trabajar un libro: Mi hermana por ejemplo, odia prestarme un libro porque yo le dejo siempre las esquinas superiores derechas dobladas, lo siento, los separadores nunca han sido algo mío, mientras mi papá dobla la hoja completa.

Sinceramente no creo en la existencia inmaculada del libro, para mí es un objeto vivo que debe ostentar el paso del tiempo y de mano en mano. Creo que los márgenes de un libro son campo fértil para una maravillosa comunicación telegráfica y unilateral al próximo lector.

De entre mis peculiaridades puedo decir que odio los marca textos, me parece que están hechos sólo para los libros de texto y de superación personal. Para trabajar en un libro yo confío en el lápiz, mi jeroglífica caligrafía y esas banderitas de colores.

Me gusta leer los mensajes que un libro regala, por eso amo los libros usados, o revisar los libros de las bibliotecas. Recuerdo muy bien el primer libro que recibí que ostentaba cicatrices de otro dueño, era un libro de la SEP que perdí, así que heredé el libro de mi primo, tenía una animación de caricaturas, de esas que se hacían en las esquinas para ver a un monito moverse al pasar las hojas rápido, también tenía un chiste: a Álvaro Obregón lo había dejado chimuelo y y había cambiado las primeras tres letras por N-A-L-G.

Los libros usados traen como cicatrices de guerra algún nombre o fecha al principio, notas al margen y otras afortunadas veces la dedicatoria de un autor.

O un verdadero tesoro: un pedazo de papel enmedio que había sido olvidado, una lista del súper, un boleto de camión, una carta de amor, o alguna otra cosa. Mi papá encontró así, con una ornada manuscrita, el acta de matrimonio de mi abuelo con su primera mujer.

Me pregunto si esas hojas sueltas constituirán un paratexto.

Esas cosas que se descubren en un libro me hacen pensar en los tatuajes secretos de las paredes de los cuartos de hotel. No sé a quién se les ocurrió, pero hay una fuerte tradición de esconder obras de arte debajo de los cuadros y espejos.

El libro es un objeto vivo que lleva con orgullo sus tatuajes y cicatrices. Es en sí la bitácora de una travesía.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Elogio de la inutilidad

En la antigua China, alrededor del siglo X se puso de moda la costumbre de atar apretadamente los pies de las niñas con el fin de quebrar los huesos y deformar los pies hasta lograr los sublimes “lirios dorados” de no más de tres pulgadas de largo. El resultado no es hermoso, pero aún significaban el nivel más alto de belleza femenina. El propósito no se encontraba en detener el crecimiento del pie, sino de deformarlo hasta lograr una inhumana imposibilidad: un pie que no sirve para caminar.

La desvalidez en que dejaban a las mujeres era el verdadero propósito: una mujer que no puede caminar más que con pequeños y tambaleantes pasos era una mujer que no podía trabajar. Las desvalidas mujeres con sus lirios dorados eran muñequitas de porcelana a las que había que mantener en lo alto de una estantería: la mujer convertida en comodidad, en piedra preciosa, en arte-objeto.

La práctica es completamente salvaje y sádica. Pero esta visión de la belleza con respecto a su practibilidad vale la pena explorarse.

Es interesante pensar en la inutilidad como característica intrínseca de la belleza, la idea de que algo es bello sólo porque sí, y no porque su existencia responda a una necesidad, o sirva a un fin práctico.

No hay necesidad de irnos tan lejos a la antigua China, nuestro vernáculo mexicano cuenta con esa expresión para describir a alguien que no hace nada más que “tirar belleza”.

Pero esta entrada no es un reclamo en contra de una visión misógina de la mujer, sino un elogio a lo inútil, y es una idea de la que se nutrió también la vanguardia. Una de las imágenes más icónicas vanguardistas es la “Fuente” de Marcel Duchamp, un mingitorio firmado y presentado como entrada en un concurso artístico. Gran parte de la justificación de los objetos “encontrados” se encuentra en que todos estos objetos originalmente tenían un fin práctico, pero el artista los reposiciona y los saca de su realidad para ponerlos en un plano en el que son completamente inútiles, por ende convirtiéndolos en arte y a la vez reduciendo la interacción entre artista y arte.

La idea no es infalible, pero es provocativa y da de qué pensar.
Esta divagación me hace pensar en el conjunto de inutilidades de mi cuerpo y de mi mente. Todos los sinsentidos, la futilidad de tantas empresas, tantas maniobras.

Cuántas cosas que me pesan en la conciencia por su inutilidad, por su impractibilidad, pero aún así puedo consolarme al pensar en la belleza que radica en el hecho de que lo hice porque sí, sin beneficio, sin productibilidad, sin razón, sin motivo.

Sólo porque sí.

¿Qué arte has producido tú, sólo porque sí?

domingo, 17 de agosto de 2008

Después de Babel

Ilustración de mi poemario Después de Babel realizado en técnica mixta sobre papel reciclado en acrílico, óleo, tinta china y tierra natural ocre roja.

Texto en las torres es Génesis 11,7 en hebreo, griego, latín, alemán, inglés y español.

Esta magnífica obra, la cual agradezco con todo mi corazón, fue realizada por el talentoso artista Francisco J. Enríquez Zulaica, sdb
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