Cuando era niña me gustaba que la gente dijera que era demasiado madura para mi edad. La gente decía que yo tenía potencial y además que era ambiciosa.
Eso me gustaba.
Hoy, que cada día me encuentro mucho más lejos de mi infancia, la gente no habla de mi potencial, porque estoy en una edad en la que debería estar cosechando el producto de todo ese potencial.
Pero no.
Quizás por eso tengo tanta vocación de estudiante, de no terminar nunca.
De no llegar nunca al final de cuentas.