lunes, 25 de octubre de 2010

Vida anterior

A Iliana y Julieta / a Mariana y Santiago
Muchas vidas atrás tu mundo era el mío
ese mundo que huele a leche y a ese
dulce y molesto olor a vómito.

Hace años que sabía de medidas de polvo
y fórmulas de gotas por kilogramo.

Antes sabía como sostener un pequeño cuerpo
con una sola mano
y hacer con la otra maravillas.

El otro día me di cuenta de esto.

De que hace muchos años emigré del mundo aquel
para no volver jamás.

El mundo mío tiene el olor sudoroso del grafito
y se mide en planas.

En este mundo me voy haciendo obsoleta
día a día.
Empequeñezco y lo desaprendo todo.
El tiempo avanza en reversa
y las cosas todas se vuelven nuevas.

Me gusta este mundo nuevo,
el de su voz clara que me habla en proverbios.

Pero a veces me encuentro
con esa terca enfermedad de la nostalgia
de los que traen encima
muchos años de destierro.

lunes, 26 de julio de 2010

Las salvajes


(Una traidora traducción infiel del original en inglés)

Las salvajes no son
las que andan en las calles de noche
vestidas de negro y acero.

No las que andan de cama en cama
ungidas de sudores ajenos.

Las salvajes
son aún más siniestras,
pagan impuestos y siempre ponen sus alarmas
por las noches.

Siguen las leyes de tránsito y votan.

Han amamantado y llevado a sus crías
amarradas al pecho.

Tienen la piel marcada
con cicatrices de otras heridas
y rodillas a carne viva
y de cirugías
(que los buenos modales
dictan no mencionar a la mesa.)

Las salvajes son aún más peligrosas.

Su barbarie
siempre agazapada dentro
lista
mientras llevan a sus hijos al colegio
o hacen la despensa.

A veces tienen posgrados
y puede que enseñen en universidades
o practiquen derecho,
o algo más
igual de respetable.

Le cantan a sus bebés
y los enseñan a leer

y se quedan estoicas cuando se desangran.

No arman escándalos.

Y a veces,
sólo a veces,
se resquebrajan
comprando verdura
en el supermercado.

P.Z.

martes, 20 de julio de 2010

En un lugar de la Mancha...

Porque tengo insomnio crónico de toda la vida, o porque soy voyerista (metiche diría mi mamá) siempre estoy revisando los libreros de los demás. No por criticar (aunque sí, me declaro snob literaria) sino por buscar algo para leer.

Conciliar el sueño es una de las cosas más difíciles que puedo imaginarme, y hacerlo en una cama ajena mucho peor, por eso necesito leer, ver la tele o perder el tiempo en internet. Hay un sitio donde a veces me quedo donde no puedo hacer ninguna de estas cosas, lo cual hace que me entre un ataque de ansiedad cada noche que tengo que pasar ahí ¿Por qué? No hay tele en el cuarto, bajan el switch del internet y en el librero de la sala sólo están los libros de la SEP y una enciclopedia del hogar.

Esto me sorprendió mucho la primera vez que me di cuenta porque, si bien en México el promedio de lectura es de un libro por cabeza por año (y mira que hay muchas personas que me han encargado su cuota) me parecía que en cada hogar tenía que haber por lo menos un Quijote. Que conste que no digo que todo hispano-hablante lo haya leído, sino que pensaba que junto con el canal 2, alguien se hacía cargo de que en cada hogar hubiera un Quijote y una enciclopedia Salvat roja (esa que creo que se vendía por metro en los setentas).

Ayer estaba esperando en una de esas salas minimalistas de un sitio público y noté que en el librero, además de un jardín japonés y algunas otras chucherías había algunos pocos libros (la mayoría de arte) y me pregunté si el viejo hidalgo se encontraba entre ellos.

y sí.

Ahí estaba.


¿Cuántos Quijotes habrá perdidos en libreros que nunca han sido leídos?

Mi pregunta del mes es: ¿Cuál libro no podía faltar en cada librero al que tenías acceso en tu infancia?
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