La verdad no fumo, pero me siento como un tío lejano que dicen las malas lenguas en mi familia que un día dijo: " 'orita vengo, voy por unos cigarros" y no volvió. Un día, veintipico años después, fuimos a un pueblito donde vivía mi bisabuela a un velorio o algo así, y ahí andaba el de los cigarros y un hermano de mi mamá lo saludó diciendo: "¿Cómo está tío, había mucha gente en la tienda?"
Pos así yo no volvía por acá.
Entre viajes nostálgicos, influenzas porcino-polémicas, suspensiones etílicas, y más... no escribía, y luego ya que las cosas se han calmado tampoco he escrito porque tampoco se me ocurría nada bueno... y sigue sin ocurrírseme, pero qué le vamos a hacer?
En el plano cultural quién sabe en qué han quedado las cosas, había un par de eventos en los que iba a participar, uno de ellos era una ponencia sobre la Biblia leída literariamente, pero ya no se hizo, a ver si el próximo semestre me dijeron. Pero mientras tanto a lo que sí los puedo invitar es a leer el último número de la revista Reverso en la que colaboro, ahora en su nuevo sitio: www.reversomagazine.com . El nuevo número está dedicado a la narrativa noruega y hay cuentos muy buenos, algunos de los cuales yo contribuí con su traducción.
Y luego ahora con la muerte de Benedetti me he puesto a pensar mis héroes literarios, y a darme cuenta que cada vez quedan menos vivos. Quizás ya no los hay como los de antes, o quizás lo que pasa es que estoy pasando a otra generación.
En fin, que es una pena perder a Mario.
Pero ya volví, ya está otra vez abierto el changarro y a ver si pronto escribo algo más interesante.
Abrazos
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jueves, 21 de mayo de 2009
Ya regresé con los cigarros...
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lunes, 19 de enero de 2009
El Macaco me hizo pensar...
No ha sido la primera vez, pero el señor primate me hizo pensar en una pregunta que me hice años atrás en circunstancias muy distintas. Bueno, me explico un poco, el buen Macaco me hizo un comentario sobre mi muy hermética entrada sobre el hermetismo del texto y la traducción, contándme una anécdota que me divirtió mucho, de cómo leer una historia traducida había sido distinta a cómo la leyó en su versión original.
...y me hizo pensar en aquella tarde en Tanglewood cuando a duras penas lo conocía a él y él comentaba lo que le agradaba de mí, y claro está, mi escéptica y deprecativa mitad se preguntaba y le preguntaba a él, si algo en ese naciente idilio podía ser cierto, que si acaso la personalidad es algo traducible.
La duda me ha plagado por años:
¿La mujer que él ama, la mujer que él consciente (y lingüísticamente) aprende y aprehende en su lengua materna, puede ser la misma imagen de mujer que yo sostengo para que mi realidad tenga sentido?
Dicho de otro modo, siempre me lo pregunto:
¿No será que él no puede conocer más que una pobre y traidora versión de mí?
...y me hizo pensar en aquella tarde en Tanglewood cuando a duras penas lo conocía a él y él comentaba lo que le agradaba de mí, y claro está, mi escéptica y deprecativa mitad se preguntaba y le preguntaba a él, si algo en ese naciente idilio podía ser cierto, que si acaso la personalidad es algo traducible.
La duda me ha plagado por años:
¿La mujer que él ama, la mujer que él consciente (y lingüísticamente) aprende y aprehende en su lengua materna, puede ser la misma imagen de mujer que yo sostengo para que mi realidad tenga sentido?
Dicho de otro modo, siempre me lo pregunto:
¿No será que él no puede conocer más que una pobre y traidora versión de mí?
"Yo ya lo sabía,
pero quise engañarme
y pensar que en algún momento
leerías en mí
algo más que la más traicionera versión
de mi boca."
Después de Babel
pero quise engañarme
y pensar que en algún momento
leerías en mí
algo más que la más traicionera versión
de mi boca."
Después de Babel
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jueves, 15 de enero de 2009
Del hermetismo del texto y su traducción
No hay una técnica más eficaz para exponer las fallas de un texto y su hermetismo semiótico que emprender la travesía de su traducción. Pregúntenme a mí, que he estado luchando con un texto que sólo me invita al procrastinaje.
Una técnica tradicional para corroborar la eficacia y fidelidad de una traducción (fidelidad de la traducción, es claramente una completa utopía) es traducir un texto de la lengua origen a la lengua destino y depués volver a traducir la traducción (valga la redundancia) a la lengua origen, y contabilizar de alguna manera lo que se pierde en la traducción. Ahora bien, ¿no sería acaso interesante usar la técnica para darnos cuenta de nuestros propios errores literarios comunes?
Mi escritura está muy lejos de ser infalible, y de hecho, por mi necesidad imperante de bilingüismo me enfrento con frecuencia a mis errores y mi propio hermetismo.
Esta entrada no creo que vaya a ninguna parte, pero me ha ayudado postergar, algunos minutos más, el enfrentarme un texto que no se deja apuñalar por la daga de mi traducción.
Bueno, me gustaría, de esta manera poco poética, leer sus ideas sobre multilingüismo, ustedes compañeros escritores, ¿piensan sus textos como textos traducibles? ¿hay una consciencia de lectura local, o la posiblidad de universalidad de sus ideas? Es interesante como un libro como En busca de klingsor de Volpi generaba comentarios como que se leía como una novela traducida, por esa sensación de un lenguaje estandarizado, vejado, contaminado y trabajado claramente, con la consciencia de un público más generalizado (y bueno, no es la única razón, también intervienen elementos en cuanto a una visión no nacionalista, y la constante tensión entre alta cultura y cultura de masas -en cuanto a esta tensión recomiendo mucho el libro de Andreas Huyssen The Great Divide-), y queda como ejemplo de un texto que es consciente de su propio alcance lingüístico (esto, claro está, es independiente de si la valoración crítica que puede hacerse de su calidad).
Ése es el caso que Puchner presenta del acierto, alcance y permanencia del Manifiesto Comunista: su invención, desde el principio como un texto sin lengua origen y su calidad constante como texto traducido.
Continuemos este diálogo.
Una técnica tradicional para corroborar la eficacia y fidelidad de una traducción (fidelidad de la traducción, es claramente una completa utopía) es traducir un texto de la lengua origen a la lengua destino y depués volver a traducir la traducción (valga la redundancia) a la lengua origen, y contabilizar de alguna manera lo que se pierde en la traducción. Ahora bien, ¿no sería acaso interesante usar la técnica para darnos cuenta de nuestros propios errores literarios comunes?
Mi escritura está muy lejos de ser infalible, y de hecho, por mi necesidad imperante de bilingüismo me enfrento con frecuencia a mis errores y mi propio hermetismo.
Esta entrada no creo que vaya a ninguna parte, pero me ha ayudado postergar, algunos minutos más, el enfrentarme un texto que no se deja apuñalar por la daga de mi traducción.
Bueno, me gustaría, de esta manera poco poética, leer sus ideas sobre multilingüismo, ustedes compañeros escritores, ¿piensan sus textos como textos traducibles? ¿hay una consciencia de lectura local, o la posiblidad de universalidad de sus ideas? Es interesante como un libro como En busca de klingsor de Volpi generaba comentarios como que se leía como una novela traducida, por esa sensación de un lenguaje estandarizado, vejado, contaminado y trabajado claramente, con la consciencia de un público más generalizado (y bueno, no es la única razón, también intervienen elementos en cuanto a una visión no nacionalista, y la constante tensión entre alta cultura y cultura de masas -en cuanto a esta tensión recomiendo mucho el libro de Andreas Huyssen The Great Divide-), y queda como ejemplo de un texto que es consciente de su propio alcance lingüístico (esto, claro está, es independiente de si la valoración crítica que puede hacerse de su calidad).
Ése es el caso que Puchner presenta del acierto, alcance y permanencia del Manifiesto Comunista: su invención, desde el principio como un texto sin lengua origen y su calidad constante como texto traducido.
Continuemos este diálogo.
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martes, 13 de enero de 2009
La ciencia del sueño
Hace algunos días veía The science of sleep de Michel Gondry, una cinta en que los mundos de la vigilia y del sueño son completamente permeables. Es una película que vale la pena verse por la imaginería y el sentido estético, así como también porque, personalmente, me encanta la idea de una película multilingüe (inglés, español y francés), es en sí misma una pequeña Babel.
Creo haberlo ya dicho antes, esta traductora sueña con un mundo multilingüe, Martin Puchner dice, al hablar del Manifiesto Comunista, que uno de los grandes aciertos de la vanguardia y las revoluciones que produjeron manifiestos, fue el usar el desarraigo, la cuestión del exilio, y por ende, todos estos manifiestos y movimientos se presentan como fenómenos multilingües, liberados de nacionalismos.
No me pierdo, pero volvamos a los sueños. ¿Qué lenguaje más universal que el lenguaje de los sueños?
La película incluye un sueño recurrente del mismo Gondry, una secuencia en que a Gael GB las manos le crecen hasta dimensiones descomunales.
Yo tengo varios sueños recurrentes, perturbadores sobre todo en ese momento inmediato a salir del sueño, y me parece que no son únicos en mí, creo que incluso ya se ha dicho qué ideas del sobconsciente representan, pero aquí los pongo: el sueño de caer desplomándose al vacío y el sueño, menos metafórico y más mundano de que se me caigan todos los dientes, y lo mas triste del asunto es que me los vuelvo a poner en su sitio esperando que de manera milagrosa vuelvan a echar raíces.
Pero me interesa saber qué sueños tienen ustedes.
Cuéntame tu sueños.
Creo haberlo ya dicho antes, esta traductora sueña con un mundo multilingüe, Martin Puchner dice, al hablar del Manifiesto Comunista, que uno de los grandes aciertos de la vanguardia y las revoluciones que produjeron manifiestos, fue el usar el desarraigo, la cuestión del exilio, y por ende, todos estos manifiestos y movimientos se presentan como fenómenos multilingües, liberados de nacionalismos.
No me pierdo, pero volvamos a los sueños. ¿Qué lenguaje más universal que el lenguaje de los sueños?
La película incluye un sueño recurrente del mismo Gondry, una secuencia en que a Gael GB las manos le crecen hasta dimensiones descomunales.
Yo tengo varios sueños recurrentes, perturbadores sobre todo en ese momento inmediato a salir del sueño, y me parece que no son únicos en mí, creo que incluso ya se ha dicho qué ideas del sobconsciente representan, pero aquí los pongo: el sueño de caer desplomándose al vacío y el sueño, menos metafórico y más mundano de que se me caigan todos los dientes, y lo mas triste del asunto es que me los vuelvo a poner en su sitio esperando que de manera milagrosa vuelvan a echar raíces.
Pero me interesa saber qué sueños tienen ustedes.
Cuéntame tu sueños.
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lunes, 3 de noviembre de 2008
Una corta profecía
Estoy leyendo un libro fabuloso de Martin Puchner (y ya es mucho que yo encuentre fascinante y difícil de poner de lado un libro de teoría crítica) "Poesía de la revolución" (Poetry of the Revolution) que es un estudio profundo y atinado de todos los manifiestos políticos y literarios-vanguardistas desde el gran Manifiesto Comunista que acuña el nuevo género del manifiesto.
Puchner habla de Goethe y sus ideas en torno a la traducción. Goethe toma la frase del Corán que dice: "Dios da a cada pueblo un profeta en su propia lengua" de la cual Goethe deslinda: "El traductor es profeta de su pueblo".
Una idea cargada de posibilidades, y brevemente menciono la idea que me ronda en este momento, la idea de una Casandra perseguida e ignorada, la palabra del profeta que se duda y se tacha de blasfema, la palabra del traidor.
Retrospectivamente esta lectura alimenta a mi Babel.
Puchner habla de Goethe y sus ideas en torno a la traducción. Goethe toma la frase del Corán que dice: "Dios da a cada pueblo un profeta en su propia lengua" de la cual Goethe deslinda: "El traductor es profeta de su pueblo".
Una idea cargada de posibilidades, y brevemente menciono la idea que me ronda en este momento, la idea de una Casandra perseguida e ignorada, la palabra del profeta que se duda y se tacha de blasfema, la palabra del traidor.
Retrospectivamente esta lectura alimenta a mi Babel.
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martes, 30 de septiembre de 2008
¿Y 'ora qué?
Hay pocas veces en la vida, bueno en la vida de los que tenemos un plan muy definido de lo que vamos a hacer los próximos años, en que por alguna razón nos vemos liberados de esos planes.
El universo se abre y nos hayamos libres, sin amo.
Hoy todo está abierto, todas las posibilidades ahí.
Mis manos y mis piernas tienen una ansiedad que no encuentra a dónde ir ni qué hacer.
Pero mi espalda se siente ligera.
Ya no llevo todo el peso del mundo sobre mí.
¿Y 'ora qué?
Pd. Feliz día de San Jerónimo a todos los traductores, intérpretes y simples "lenguas".
Gracias Tote por recordarme el día de mi santo patrón.
El universo se abre y nos hayamos libres, sin amo.
Hoy todo está abierto, todas las posibilidades ahí.
Mis manos y mis piernas tienen una ansiedad que no encuentra a dónde ir ni qué hacer.
Pero mi espalda se siente ligera.
Ya no llevo todo el peso del mundo sobre mí.
¿Y 'ora qué?
Pd. Feliz día de San Jerónimo a todos los traductores, intérpretes y simples "lenguas".
Gracias Tote por recordarme el día de mi santo patrón.
jueves, 12 de junio de 2008
Lost in translation
Irremediablemente algo se pierde en la traducción, un cierto polvillo dorado se desprende y se mantiene en el aire por algún rato hasta desplomarse al suelo. Yo miro a contraluz, tratando de ver qué parte del sentido se perdió, y a veces trato de sacudir las superficies con la mano, para ver si puede recogerse un poco de ese sentido perdido, acumularlo en una bolsita de lino para ver si algún día puede hacerse algo con todos esos residuos, soñar con un poemario hecho de retazos.
Todos los que nos dedicamos a la traducción, ya sea profesionalmente o por la realidad de una vida situada siempre al borde, sobre la frontera entre la comunicación y el entendimiento; todos nosotros nos sabemos de memoria la cantaleta de que no somos nada más que traidores. Somos cruzados buscando el santo grial de la traducción perfecta, esa utopía imposible.
Ya son muchos años para mí de ser boca, interpretando llamadas de negocios de larga distancia sobre tecnología y cosas de las que yo no sabía nada cuando era todavía adolescente, esas llamadas que me forzaron a sobreponerme de mi timidez y que le hacían ver a mi papá que toda su inversión en mi educación redituaba de alguna manera. Años de hacer traducciones de todos los tipos, descubrir que no odio nada más gramaticalmente, como odio la redacción tecnológica anglosajona, que gusta de ayunar de verbos, y estivar palabra sobre palabra convirtiéndolas, sin más trabajo que un truco de magia barato en adjetivos.
He metido mi cuchara en textos tan disímiles: con mis palabras se propuso al gobierno de Guatemala (¿o sería al de Belice?) fabricar billetes de polímero con ventana de seguridad (como los veinte pesos de aquí que parecen de plástico) y mi voz escrita todavía debe enseñar a madres latinas técnicas para dar el pecho a sus hijos cuando tienen labio leporino, en los folletos en los que voluntariamente trabajé para los nazis de la lactancia (muy loable su labor, aunque un poco intransigente) que es La Leche League.
Sin duda mi trabajo favorito en traducción ha sido la traducción de libros de texto, traduje, adapté, escribí y corregí libros de texto para estudiantes de educación básica, uno de mis proyectos más interesantes fue traducir un libro de actividades para kinder, apenas tenía un puñado de palabras, pues los niños todavía no aprendían a leer, pero había que adaptar más que nada, porque apple de apenas dos sílabas es demasiado larga en español man-za-na, hacer listas de monosílabos sol pan mar y hacer anotaciones para los diseñadores gráficos de las imágenes que quería que acompañaran a mis palabras. Esto ha sido lo más cercano que he llegado a la traducción literaria remunerada.
Ya no es posible dejar de traducir, me encuentro haciéndolo a todas horas, es como mirar la lengua escrita en un espectacular, en la caja de los Corn Flakes, o hasta el graffiti en un baño público, es imposible no leer. En mi vida personal, al vivir entre dos lenguas siempre interpreto, siempre traduzco. Nunca he trabajado profesionalmente como intérprete simultánea (sólo consecutiva), pero me di cuenta que cuando estoy escuchando un discurso, una conferencia, o simplemente a alguien hablar que amenaza con sumirme en el letargo, dejar que mi huidiza mente corra o me duerma, descubrí que si interpreto simultáneamente moviendo los labios permanezco ahí sin perder atención, tal vez incluso pudiera hacer traducción simultánea ahora.
Los gajes del oficio son muchos, entre ellos está el encontrarse intentando traducir en la propia lengua, un imperativo de tratar de explicar, de buscar siempre la frase más eficiente, más fluida, más sonora, e incluso más bella. Siempre buscando la enunciación perfecta, odiando las instancias en las que es necesario el vergonzante y condescendiente “N. del T.”
Walter Bejamin se preguntaba en “The task of the translator” de para quién traducimos un texto, ¿para alguien incapaz de comprender el original? esa idea hace del lector y de uno mismo por consiguiente, seres empequeñecidos… impotentes… Es imposible pensar en una traducción que desprenda del sentido el invaluable polvillo de oro, irremediable es que las palabras del autor lleguen a los oídos extranjeros mutiladas, pero también llegan con algo más, con otras extremidades y otros sentidos, que yo que soy vía le doy, a veces la traducción dice más, añade, devela un poco más sobre aquello que el original describía.
Además de traductora soy poeta, y bueno, soy un montón de cosas más, pero esencialmente soy poeta. Ya estoy yo acostumbrada a buscar la palabra perfecta, a perseguir la musicalidad, a jugar con la sintaxis… Ambas labores se contaminan, y redacto mi texto traducido como escribiendo poesía, pero también escribo poesía echando mano de la traducción. Descubrí que un cliché, una frase hecha en una lengua al traducirse literalmente a otra puede resultar en una metáfora excitante. A veces pienso algo en una lengua y la escribo en otra para llegar a ideas más originales. A veces juego con lo que sería una mala traducción para lograr la oposición, el extrañamiento, el oxímoron… A veces escribo algo y luego lo traduzco, lo trabajo en la lengua extraña hasta que es diferente y vuelvo a traducirlo a la lengua original.
Quisiera aprender todas las lenguas posibles, pensar que la comunicación podría ser sin traducción, por alguna razón los traductores soñamos con un mundo en donde nuestra labor no exista, “Imagine there’s no translation, it’s easy if you try…” un lugar en donde seríamos obsoletos, pero el lugar donde además se nos borre el estigma de traidores. Tal vez la protolengua no era una, sino era múltiple, una lengua en que las ideas vienen en la única variante que exprese exactamente lo que queremos decir.
Uno de estos días voy a publicar un libro de poesía bilingüe que será a la misma vez una traducción extraordinariamente infiel, y maravillosamente poética, dual, un libro de lecturas diferentes, uno en una lengua, otro en otra, y una tercera posibilidad para aquéllos que puedan leerlo paralelamente.
Mientras tanto desde la sombra, sigo escudriñando el rayo de luz que se cuela de la ventana, buscando esas partículas áureas que danzan y se mofan de mí, al haberse escapado de mi boca.
Todos los que nos dedicamos a la traducción, ya sea profesionalmente o por la realidad de una vida situada siempre al borde, sobre la frontera entre la comunicación y el entendimiento; todos nosotros nos sabemos de memoria la cantaleta de que no somos nada más que traidores. Somos cruzados buscando el santo grial de la traducción perfecta, esa utopía imposible.
Ya son muchos años para mí de ser boca, interpretando llamadas de negocios de larga distancia sobre tecnología y cosas de las que yo no sabía nada cuando era todavía adolescente, esas llamadas que me forzaron a sobreponerme de mi timidez y que le hacían ver a mi papá que toda su inversión en mi educación redituaba de alguna manera. Años de hacer traducciones de todos los tipos, descubrir que no odio nada más gramaticalmente, como odio la redacción tecnológica anglosajona, que gusta de ayunar de verbos, y estivar palabra sobre palabra convirtiéndolas, sin más trabajo que un truco de magia barato en adjetivos.
He metido mi cuchara en textos tan disímiles: con mis palabras se propuso al gobierno de Guatemala (¿o sería al de Belice?) fabricar billetes de polímero con ventana de seguridad (como los veinte pesos de aquí que parecen de plástico) y mi voz escrita todavía debe enseñar a madres latinas técnicas para dar el pecho a sus hijos cuando tienen labio leporino, en los folletos en los que voluntariamente trabajé para los nazis de la lactancia (muy loable su labor, aunque un poco intransigente) que es La Leche League.
Sin duda mi trabajo favorito en traducción ha sido la traducción de libros de texto, traduje, adapté, escribí y corregí libros de texto para estudiantes de educación básica, uno de mis proyectos más interesantes fue traducir un libro de actividades para kinder, apenas tenía un puñado de palabras, pues los niños todavía no aprendían a leer, pero había que adaptar más que nada, porque apple de apenas dos sílabas es demasiado larga en español man-za-na, hacer listas de monosílabos sol pan mar y hacer anotaciones para los diseñadores gráficos de las imágenes que quería que acompañaran a mis palabras. Esto ha sido lo más cercano que he llegado a la traducción literaria remunerada.
Ya no es posible dejar de traducir, me encuentro haciéndolo a todas horas, es como mirar la lengua escrita en un espectacular, en la caja de los Corn Flakes, o hasta el graffiti en un baño público, es imposible no leer. En mi vida personal, al vivir entre dos lenguas siempre interpreto, siempre traduzco. Nunca he trabajado profesionalmente como intérprete simultánea (sólo consecutiva), pero me di cuenta que cuando estoy escuchando un discurso, una conferencia, o simplemente a alguien hablar que amenaza con sumirme en el letargo, dejar que mi huidiza mente corra o me duerma, descubrí que si interpreto simultáneamente moviendo los labios permanezco ahí sin perder atención, tal vez incluso pudiera hacer traducción simultánea ahora.
Los gajes del oficio son muchos, entre ellos está el encontrarse intentando traducir en la propia lengua, un imperativo de tratar de explicar, de buscar siempre la frase más eficiente, más fluida, más sonora, e incluso más bella. Siempre buscando la enunciación perfecta, odiando las instancias en las que es necesario el vergonzante y condescendiente “N. del T.”
Walter Bejamin se preguntaba en “The task of the translator” de para quién traducimos un texto, ¿para alguien incapaz de comprender el original? esa idea hace del lector y de uno mismo por consiguiente, seres empequeñecidos… impotentes… Es imposible pensar en una traducción que desprenda del sentido el invaluable polvillo de oro, irremediable es que las palabras del autor lleguen a los oídos extranjeros mutiladas, pero también llegan con algo más, con otras extremidades y otros sentidos, que yo que soy vía le doy, a veces la traducción dice más, añade, devela un poco más sobre aquello que el original describía.
Además de traductora soy poeta, y bueno, soy un montón de cosas más, pero esencialmente soy poeta. Ya estoy yo acostumbrada a buscar la palabra perfecta, a perseguir la musicalidad, a jugar con la sintaxis… Ambas labores se contaminan, y redacto mi texto traducido como escribiendo poesía, pero también escribo poesía echando mano de la traducción. Descubrí que un cliché, una frase hecha en una lengua al traducirse literalmente a otra puede resultar en una metáfora excitante. A veces pienso algo en una lengua y la escribo en otra para llegar a ideas más originales. A veces juego con lo que sería una mala traducción para lograr la oposición, el extrañamiento, el oxímoron… A veces escribo algo y luego lo traduzco, lo trabajo en la lengua extraña hasta que es diferente y vuelvo a traducirlo a la lengua original.
Quisiera aprender todas las lenguas posibles, pensar que la comunicación podría ser sin traducción, por alguna razón los traductores soñamos con un mundo en donde nuestra labor no exista, “Imagine there’s no translation, it’s easy if you try…” un lugar en donde seríamos obsoletos, pero el lugar donde además se nos borre el estigma de traidores. Tal vez la protolengua no era una, sino era múltiple, una lengua en que las ideas vienen en la única variante que exprese exactamente lo que queremos decir.
Uno de estos días voy a publicar un libro de poesía bilingüe que será a la misma vez una traducción extraordinariamente infiel, y maravillosamente poética, dual, un libro de lecturas diferentes, uno en una lengua, otro en otra, y una tercera posibilidad para aquéllos que puedan leerlo paralelamente.
Mientras tanto desde la sombra, sigo escudriñando el rayo de luz que se cuela de la ventana, buscando esas partículas áureas que danzan y se mofan de mí, al haberse escapado de mi boca.
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